Para que este barco de la ilusión, del coraje, del tesón, también del esfuerzo y de la perseverancia, llegue a buen puerto, al puerto del Musel, cargado de buenos propósitos, de amistad, de cariño y de éxitos, debemos ser ambiciosos en la cruzada, exigentes en los compromisos y responsables a la hora de adoptar decisiones. Sinceros en nuestros planteamientos, fieles a nuestras intenciones y sobre todo, claros y concisos a la hora de decidir si estamos dispuestos o no a participar en el festín. Dicho esto, quisiera agradecer vuestras muestras de cariño y apoyo, a la vez que vuestras palabras de aliento en lo que sin duda es una de las aventuras más hermosas de mi vida.
Hace unos días todos celebrábamos el día de la mujer trabajadora, el 8 de marzo, una fecha que espero que muy pronto, en un futuro no muy lejano deje de celebrarse, señal inequívoca de que las mujeres ya no sufren o al menos con la misma intensidad la discriminación que hoy día. Esta no solo se aplica a las mujeres que trabajan sino que también existe -y en eso estaremos todos de acuerdo- a las madres, a las niñas o a las estudiantes.
Yo recuerdo cuando estudiábamos en nuestra querida UNI que no existía ningún tipo de discriminación con respecto a las mujeres, salvo que ellas cuando finalizaban las clases de educación física se duchaban en un lugar de los vestuarios situados debajo de las escaleras que accedían a los jardines, diferente al de los chicos. Hasta aquí todo normal. Si podría existir algún tipo de trato discriminatorio, aunque claro está que era generalizado en todos los centros de enseñanza, en cuanto al tipo de deporte que se promocionaba más en el centro. Yo recuerdo, y además fui actor directo, la existencia de un equipo de fútbol masculino, de un equipo de rugby masculino, de un equipo de béisbol masculino, etc., y no alcanzo a recordar en qué especialidad participaban las féminas.
Por otro lado, los liderazgos en las aulas solía ser compartido. Había líderes hombres y líderes mujeres, como también mujeres deslumbrantes y hombres -eso lo decían ellas- espectaculares. Realmente en aquella época, el asunto de la igualdad de sexos no era un tema candente, ni siquiera preocupante, al menos en la esfera estudiantil, y todo parecía funcionar armónicamente, sin demasiada anormalidad.